Metáforas Políticas

Las metáforas políticas son un recurso dialéctico muy frecuente en la comunicación política. Los asesores políticos trabajan duro para dar con la metáfora que englobe una determinada idea en un discurso del candidato, en una nota de prensa, en un comunicado o en un simple post para las redes sociales. Las metáforas están presentes en nuestro día a día y es tal su efectividad que algunas de ellas son usadas sin percatarnos.

Hoy, en La Comarca Política, entramos a fondo en la temática de las metáforas políticas con Laura Garsando.

Perfil de la entrevistada

Laura Garsando Periodista

Laura Garsando nació en Valencia (Comarca de Valencia Ciudad) en el año 1990.

Es graduada en Periodismo por la Universitat de València y Máster en Comunicación, Cultura, Sociedad y Política por la UNED.

Actualmente trabaja como periodista en la Conselleria de Presidencia de la Generalitat Valenciana, cubriendo los actos del President Ximo Puig. También pasó por los periódicos Levante-EMVLas Provincias durante su formación en prácticas; y por otros gabinetes de comunicación institucional, como la Policía Local de Valencia en el Ayuntamiento de la ciudad.

 

Entrevista a la periodista Laura Garsando | Metáforas Políticas

La Comarca Política. Hola Laura, lo primero darte la bienvenida y las gracias por estar con nosotros.

LG. Muchas gracias a vosotros por recibirme.

LCP. En esta entrevista queremos hablar de Metáforas Políticas a raíz de un análisis que hiciste sobre la retórica de los medios españoles. Para empezar Laura, ¿cómo definirías el término “métafora” y por qué dirías que las usamos con tanta frecuencia?

LG. Si nos acogemos a la definición teórica del término, las metáforas son figuras retóricas que establecen una asociación entre dos elementos o conceptos que comparten algún tipo de similitud en su significado y que, en consecuencia, sustituyen al otro en un contexto determinado. Es decir, la metáfora produce un desplazamiento de significado entre dos términos y nos permite describir las cosas mediante una semejanza por analogía. Por ejemplo, cuando decimos que alguien está «en la flor de la vida».Metáfora en la flor de la vida

Como ya planteo en mi trabajo, no hay nadie inmune al uso de las metáforas. Es un recurso muy extendido y socializado que prácticamente todos utilizamos en algún contexto. Y en ese sentido,  siguiendo las tesis del profesor e investigador Emmanuel Lizcano, podemos decir que todos los conceptos son metafóricos. ¿Que por qué las usamos con tanta frecuencia? Yo creo que las metáforas nos permiten definir la realidad de acuerdo con nuestra experiencia; es, digamos, un modo de «familiarizar la realidad» y hacerla más accesible para nosotros.

Evidentemente, existen otros usos de la metáfora. Especialmente en el ámbito de los medios de comunicación, resulta muy fácil encontrar relatos plagados de metáforas políticas, como muestro en el trabajo. De hecho, muchas veces las personas utilizamos, de forma inconsciente, ciertas expresiones porque las hemos visto en los medios tantas veces que llegamos a normalizar su uso.

Pero lo que persiguen con el empleo de esta estrategia retórica los medios, que voy a denominar «poder mediático», es despertar sentimientos y emociones en las audiencias para legitimar su discurso. Por eso, las metáforas tienen una gran capacidad de persuasión y son potentes instrumentos para configurar la realidad. O, más bien, lo que cada uno concebimos como «realidad».

LCP. En la política española el lenguaje está plagado de metáforas bélicas. Así pues, los conflictos políticos se convierten en “luchas” y “batallas”, los debates internos en “duelos” o “combates” y las opiniones discrepantes en “pulsos” o “torpedos”. ¿Qué implican estas metáforas políticas y que imagen proyectan en el electorado?

LG. Exacto. Aquí lo que vemos es el efecto de la espectacularización de la política. Se dice habitualmente eso de que la gente, en general, no suele tener interés por la política como proceso. Sí que es cierto que en los últimos años hemos asistido a una especie de desconexión entre los ciudadanos y la esfera política. ¿Cómo captar el interés de los ciudadanos que, no olvidemos, son audiencia para los medios? Convirtiendo el fenómeno político en un espectáculo, ya que así conseguimos que sea más atractivo. De ahí que empleen todo este vocabulario que me comentas: luchas, batallas, victoria de X partido o político…

Te pongo dos ejemplos muy claros que he visto estos estos días y que son  muy cercanos al ámbito donde resido: «La batalla lingüística entre el PPCV y el Consell suma un nuevo frente», en referencia a la polémica que se ha generado a  raíz del decreto de plurilingüismo que quiere impulsar el Gobierno valenciano, o «Diez dirigentes del PSPV con opción a premio tras la victoria de Puig en las primarias», tras el resultado de las primarias que se celebraron en el PSPV. Ambas publicadas en el diario Valencia plaza. Vemos que se emplean palabras como «batalla lingüística», «frente», «premio» o «victoria».

Lo que se busca aquí es convertir los debates políticos (el primer caso) o los procesos políticos (el segundo) en enfrentamientos y competiciones, porque sin duda la imagen que evocan de esta manera es mucho más potente en la mente del lector y despierta su interés en mayor medida. Además, el empleo de las metáforas bélicas o deportivas, en estos casos, también persigue polarizar a la audiencia, lograr que, de forma consciente o inconsciente, los receptores de la información terminen identificándose con uno de los bandos que interviene en el conflicto.

Existen otros casos donde las metáforas políticas también se emplean con ánimo peyorativo, con la intención de desacreditar ante la audiencia a los actores de la información y, de esa manera, trasladar al lector un marco cognitivo concreto. Como en esta noticia de Okdiario: «Podemos intenta reventar la inauguración del monumento a la Virgen del Rocío en Sanlúcar». Este es un ejemplo puntual; como te digo, ocurre en prácticamente todos los medios de comunicación, porque la metáfora y las expresiones que la contienen forman parte de nuestro lenguaje normalizado.

LCP. Por otra parte, en política migratoria, tal y como mostrabas en tu análisis, abundan las metáforas naturales. ¿Qué relación tienen estas metáforas con la “metáfora del contenedor” de Chilton?

LG. Sí, en política migratoria y, especialmente, en el relato mediático que se hace de ese fenómeno. La «metáfora del contenedor» de Chilton es muy interesante para analizar el discurso sobre inmigración que adoptan los medios porque propone un esquema de contención espacial según el cual lo que queda dentro es lo que más se acerca al «yo», es decir, a nuestro entorno más inmediato. Y lo que se queda fuera, se queda también al margen de las leyes. Este esquema traslada, como nos dice Chilton, la imagen de un país equivalente a un contenedor cerrado que puede sellarse o penetrarse.

Metáforas políticas inmigraciónAdemás, este planteamiento de fuera y dentro permite una analogía por extensión al conflicto del «nosotros» (ciudadanos de un país) contra «ellos» (los inmigrantes que quieren entrar al país). Este es el marco que emplean la gran mayoría de medios de comunicación en la cobertura del fenómeno de la inmigración en nuestro país: España es un contenedor en el que quieren entrar las personas inmigrantes, por lo que la estabilidad y el equilibrio se ven amenazados, con el mismo efecto que conllevarían unas gotas más de agua en un recipiente lleno a rebosar, puesto que este podría  acabar derramándose.

Algunos ejemplos de metáforas que se emplean para legitimar este marco, y que he recopilado en mi trabajo, son: hablar del «impacto» de la inmigración; la expresión poner un muro a la inmigración», de igual modo que a un río se le pondría un dique, para que no se desborde; «cerrar fronteras», la «entrada masiva» de inmigrantes, etcétera.

LCP. El filósofo Emmanuel Lizcano define las expresiones metafóricas que – a fuerza de reiterarse en su uso – se han normalizado y asumido en el lenguaje cotidiano, como metáforas zombies. ¿Qué ejemplos podrías poner de ellas? ¿Por qué son tan poderosas en la mente de los electores?

LG. Efectivamente, las metáforas zombies son expresiones que hemos leído y oído reiteradamente en los medios de comunicación y que, además, usamos de forma recurrente en nuestro día a día.

Por ejemplo, cuando antes hablábamos de un «frente político» o de la «victoria» de un dirigente político. Son expresiones de naturaleza bélica que contribuyen a convertir los debates políticos en enfrentamientos. El profesor Lizcano ha recopilado una muestra mucho mayor de metáforas zombies, y se fija por ejemplo en la naturaleza arquitectónica que tienen las expresiones relacionadas con el concepto de las teorías. Es decir, una teoría ha de «construirse» con «una base» fuerte y ha de «apoyarse» con argumentos «sólidos» y «reforzarse» con buenos «fundamentos» para que no «se derrumbe». Como vemos, son expresiones muy normalizadas, pero constituyen metáforas zombies porque, con su uso, se persigue legitimar el discurso de quien lo pronuncia, son una fuente de credibilidad.

Este tipo de metáforas son poderosas porque son, precisamente, las de cuyo uso somos menos conscientes, de tanto que las hemos asumido en nuestro lenguaje y en nuestros marcos cognitivos, por lo que actúan de forma subrepticia. Y todo el mundo las usamos, muchas veces de forma inocente. 

LCP. Ahora con la llegada del verano, España recibe millones de turistas como cada año. ¿Cómo abordan este asunto desde el Gobierno y los medios de comunicación? ¿Cuál es la principal diferencia en cuanto a metáforas entre turismo e inmigración?

LG. Como expongo en las conclusiones de mi investigación, el análisis metafórico  permite apreciar dos tendencias muy diferenciadas en el relato del poder mediático sobre turismo e inmigración. 

En general, cuando el discurso lo protagonizan las personas inmigrantes, lo que se busca es generar un sentimiento de rechazo en el receptor, utilizando metáforas como las que te comentaba antes, que atribuyen a los inmigrantes cualidades de  objetos para deshumanizar su figura, por ejemplo cuando se habla de «interceptar», «deportar» o «detectar» inmigrantes. Estas expresiones llevan asociadas connotaciones peyorativas y que persiguen construir una percepción negativa de los llegados. La inmigración se presenta de este modo como un fenómeno perjudicial para la sociedad que induce al miedo.

Pero cuando el relato mediático habla sobre turismo, ocurre una cosa muy diferente. El discurso se modifica y pasa a ser muy benévolo con la figura de los viajeros y con el propio fenómeno del turismo. Se habla, por ejemplo de «turistas abonados a las costas españolas», de «verano de récord» o de «sector estrella» de la economía.  Son metáforas que, como vemos, denotan euforia y buscan despertar complicidad y simpatía en la audiencia, por lo que se entiende que la llegada de turistas conlleva efectos beneficiosos. 

Te voy a poner un último ejemplo muy claro. Seguro que muchas veces has leído en algún medio eso de que un país está «sufriendo una explosión migratoria». ¿Es posible imaginar a España «sufriendo» la llegada de turistas?

LCP. Para terminar Laura y con el 1-O a la vuelta de la esquina, ¿cómo dirías qué se está abordando el tema “Cataluña” entre los partidos políticos a nivel metafórico? ¿Crees que están empleando una buena comunicación política?

Metáforas sobre CataluñaLG. Yo creo que se está priorizando, como en muchos otros procesos políticos, el relato del enfrentamiento. Se busca espectacularizar el conflicto para atraer el interés de la audiencia y generar una polarización en el debate. De hecho, la metáfora del contenedor de la que hablábamos antes se aplica perfectamente a este contexto: se emplea un discurso que intenta polarizar a la sociedad y generar dos bandos enfrentados, el «nosotros» y el «ellos». Y creo que este fenómeno se alimenta indistintamente desde las dos partes del conflicto.

No me atrevo a calificar de «buena» o «mala», desde un punto de vista moralista, la comunicación política que están empleando los partidos políticos en el debate de Cataluña. ¿Buena para quién? ¿Para sus objetivos políticos? No sé si es buena o mala, lo que sí me atrevería a decir es que es efectiva, porque el discurso funciona y consigue polarizar el debate: o se está a favor de la independencia catalana, o se está en contra. Todo ello ignorando la reflexión racional en torno al fenómeno social y político que se vive actualmente en Cataluña.

 

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